Antes del 30 de junio de 2026, los Estados miembros de la UE deben presentar a la Comisión sus planes de implantación de la verificación de edad. Es el primer compromiso público y coordinado sobre cómo cumplirá cada país la expectativa de tener una solución conforme a final de año. Junto con el plazo del 31 de diciembre para ofrecer a los ciudadanos una cartera EUDI, estos planes hacen del segundo semestre de 2026 el periodo en que la identidad digital europea deja de ser política y pasa a ser infraestructura.
Qué buscar en los planes
Los planes mostrarán el mapa práctico que necesitan las empresas: qué Estados adoptan la app de edad de la UE en marca blanca, cuáles certifican soluciones nacionales o privadas y a qué ritmo llega la integración con la cartera. Las primeras señales apuntan a una gran dispersión, desde pilotos a toda velocidad hasta rezagados que hacen lo mínimo. Por eso, los servicios transfronterizos no pueden diseñar para la media: deben diseñar para el más estricto.
Diseñar para el más estricto
Diseñar para el más estricto cuesta menos de lo que parece, porque los requisitos estrictos coinciden entre sí: comprobación de identidad al nivel de un gobierno (ya estandarizada mediante ETSI TS 119 461), minimización de atributos y pruebas disponibles cuando se piden. La plataforma de WeVerify ya cubre ese marco, desde controles de edad que protegen la privacidad hasta la verificación a nivel de chip y las firmas cualificadas, con su auditoría como QTSP en curso como siguiente prueba de nivel. Digan lo que digan los planes, la arquitectura que premian ya está en funcionamiento.
